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La Coctelera

Nika

No se puede admirar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas

28 Mayo 2006

Para ti que, como yo, crees en príncipes azules y hadas madrinas: Un Cuento de Hadas

Cuenta la leyenda que en algún lugar del mundo, vivió una vez una hermosa princesita: inocente, llena de sueños, plena de ilusiones y deseos de amar, de celebrar la vida, de cantar con todo su corazón. Era admirada por su belleza y la calidez de su corazón, nadie se atrevía a si quiera tocarla con mala intnción, todos la protegían y cuidaban cual el tesoro que era. Su sola presencia ocupaba todo el lugar, llenándolo de una luz cálida y brillante, esa que emana de los corazones generosos que aman sin frenos.

Algún que otro repugnante sapo había rondado sus verdes y primaverales jardines, en procura de el mágico beso que les devolviera su principesca galanura. Sin embargo, ninguno había tenido la delicadeza suficiente de quedarse, es más, muchos de ellos nunca dejaron de ser simplemente sapos. ¡Cuántos besos desperdiciados!, pensó ella.

Las madrinas mágicas de la princesita planificaron todo tipo de argucias para hallar al caballero que fuese digno de acompañar sus caminos; bailes, concursos, foros, campeonatos, retos diversos y a pesar que hubo varios valientes pretendiéndola, ninguno era suficientemente satisfactorio.

Un día apareció un hado; era hermoso, galante, fuerte y perverso. La dejó muy mal herida con sus embrujos, tanto que ya no supo cómo parar de llorar. Sus madrinas angustiadas y diligentes, hicieron todo cuanto estuvo al alcance de su magia, y la niña no lograba confiar ni ser feliz de nuevo. Entonces decidieron conjurar un hechizo que le impidiera sentir el dolor, un peligroso y fuerte hechizo que esta ves sí surtiría efecto. Fue un alivio para todos cuando por primera vez en laaaargo tiempo el llanto cesó.

La princesa dejó de sentir pena, tristeza, dolor... dejó de sentir cualquier cosa. En su letargo ya no sonreía, no había brillo en sus ojos, su voz sonaba casi artificial, la vida le pasaba por el frente año tras año sin que ella pudiera tocarla ni disfrutarla. En ese estado, deseaba no existir y se dispuso a desaparecer en el ataúd que mejor le acomodó... sin ser extrañada, sin que nadie se preguntara dónde estaría ella.

Se hizo rodear de gruesos y espesos muros de sólida piedra y un denso bosque de espinos bordeaba su morada. Y ahí yacía, pálida, inherte, con la placidez que muestra el rostro de quien no sufre, con la inexpresión del rostro de quien no tiene alegrías. Mientras, en la casa todo había envejecido, quedaba claro que ella había muerto. Sin embargo, cosa curiosa, en esa misma habitación habían evidencias de actividad: un título universitario colgado en la pared, medallas sobre el escritorio, fotografías donde aparece la princesa -ya no tan niña- en una celebración con una sonrisa de plástico... ¡muy extraño! tal parece que muerta en vida la princesita pudo seguir algunas de sus metas.

Entretanto, en otra parte del mundo, transcurría la historia de un joven, una historia tan grave e importanteque merece ser descrita con todo lujo de detalles. Sin embargo sólo contaremos que, absorto en los dilemas propios de su soledad acompañada, apenas logrando deshacerse de los hechizos de los brujos que lo atormentaban, el joven traspasó desprevenidamente el bosque de espinos y se adentró más allá de los infranqueables muros y ahí se quedó, compartiendo sus penas con ella y ella las suyas con él, viviendo cada uno su media vida.

Y así transcurrió el tiempo hasta que, sin darse ellos cuenta, los agrestes espinos se transformaron en floridos araguaneyes llenos de pajaritos que trinaban su alegría; los gruesos muros de sólida piedra dieron paso a leves ventanales policromados que permitieron que la vida se les impregnara de luz; la princesita había revivido, la ronrisa en su rostro ya no parecía de plástico y sus ojos volvieron a brillar. Por su parte, el joven recobró la media vida que le iba faltando cuando llegó a ese lugar y se reveló hermoso, limpio, magnánimo, como el príncipe azul que era por naturaleza.

Nuestra princesa recobró la fe, el joven -que ahora sabemos era un príncipe- tuvo el valor de amar y entregarse al 100%. Desde entonces caminan juntos, con la bendición de Dios, bajo el sol, de frente al viento, llenos de luz y color, rodeados de ángeles y hadas protectoras, felices a ratos (largos ratos) como todos, luchando uno al lado del otro por hacer de sus vidas algo más útil cada día, esperando el día en que ese amor que comparten se convierta en una nueva vida.

Tags: amor, hadas

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Sobre mí

Nika intenta renacer, en una ciudad del sur de Venezuela que la cobija desde hace varios años. Cambió de vida, para seguir siendo la misma en esencia: una eterna enamorada. Cree en Dios y los ángeles, cree en el amor y en el futuro, cree en la juventud, cree en ti.


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