El Silencio de Dios
Sobre Dios y su forma de comunicarse, estoy segura de varias cosas. Una de ellas es precisamente que en el silencio, Su silencio, Él está tratando de hacer que nosotros entendamos que la respuesta a lo que pedimos en oración está dentro de nosotros mismos, en otras palabras, Dios calla cuando le pedimos que haga algo por nosotros que de plano podemos alcanzar con nuestras propias manos. No creo en un Dios manipulador y controlador, pendenciero. Sí creo que hay un plan que Él ha trazado y que en el ejercicio de nuestro libre albedrío nos acercamos o nos alejamos de ese plan.
Dios en su infinita misericordia no nos abandona para luego decir "te lo dije". Él nos habla muy de cerca, y esa es mi segunda certeza. Tenemos su compañía, su guía, su cuidado permanente y muchas veces lo que interpretamos como silencio es un grandísimo grito en el que nos dice la verdad de vida que necesitamos escuchar y que nos encargamos de acallar. Cerramos nuestros oídos a las verdades porque resultan dolorosas... nos hacemos los locos y muchas veces no queremos aceptar lo que estamos recibiendo como respuesta a nuestro clamor. Otras veces, sucede que creemos no estar obteniendo ninguna respuesta mientras estamos muy poco dispuestos a sintonizar nuestro equipo en la opción "recibir"... hablo, hablo, hablo, pido, pido, pido, pido....hago hago hago...y ¿Cuándo escucho?, ¿Cuándo tomo? ¿Cuando me dispongo a recibir? También puede ocurrir que en medio de la desesperación la ansiada respuesta nos pase de largo... o que nuestra mente finita, limitada, no nos permite captar... lo que sea. Por último, se que Dios nos habla a través de las personas. Me ha hablado a través de ti, de mis padres y otros amigos... no con voz de más allá, sino de muy acá, con voz conocida, querida, con consejos y lecciones... me habla en la Eucaristía, aunque el cura sea soporífero (que hay más de uno) y aunque el cura me haya herido (también hay más de un especímen de esos) ¿Cómo entonces podría yo afirmar que está en silencio? Ahora bien, es bueno que nunca dejemos de orar... que nunca dejemos de comunicarle nuestro sentir, de entregarle nuestras angustias y dolores, nuestros sueños anhelos... someternos a Su voluntad, hacernos dóciles a su voz... y darle Gracias, muchisimas gracias. Si alguna vez experimentamos que hace silencio, ¿no será más bien un problema en nuestros "receptores"?


